Es importantísimo realizar acciones como la de
meditar y Ser en el Ahora que proponemos en nuestro espacio, pero si en la vida
de cada día nos rodeamos de campos vibratorios que para nosotros son
equivocados, podremos esforzarnos repetidamente para que se produzcan las
resonancias más convenientes, pero nuestro entorno nos conducirá siempre allá
donde realmente no queremos estar, y de esta manera hará fracasar nuestros
intentos por vivir en nuevos y más positivos campos de resonancia. Entonces
toda nuestra experiencia nos recordará y hará sentir negativamente, que somos
individuos aislados, caóticos, pobres, tristes... personas fracasadas, hijos
mimados o generalmente ineptos, etc.
Por esto es importante no rodearse de situaciones
y campos vibratorios equivocados. Sin embargo, esto no quiere decir que no
estemos donde debamos estar. Es posible que debamos desenvolvernos en lugares y
situaciones de por sí negativas. Entonces estas situaciones no serán para
nosotros equivocadas, sino que deberemos ser conscientes en ellas, amar y obrar
adecuadamente. Y por supuesto, reforzar nuestras vibraciones relativamente
elevadas con prácticas adecuadas, como la meditación.
El campo de energías que nos rodea
nos influye con un poder persistente,
por lo que no deberemos buscar gratuitamente
ni personas ni lugares equivocados.
Es diferente a cuando nuestro deber es
obrar
en lugares y con personas negativas.
En este caso tenemos que fortalecernos
con la Luz de la consciencia
y emitir las mejores energías
que nuestro Ser permita.
Pero para que surja en esas situaciones
esta Luz que es la Consciencia
debemos antes habernos preparado
y haber elevado la tasa vibratoria de nuestra energía.
Como ya hemos dicho, podemos ser influidos completamente por campos de
resonancia ajenos. Todos lo sabemos demasiado bien por nuestras experiencias
diarias.
Podemos estar, por ejemplo, tranquilos y en
paz, pero a menudo es suficiente una sola persona para dejarnos llevar por su
rabia y su descontento. En pocos segundos nos encontramos de repente en una
discusión increíblemente violenta, que se ha desencadenado como un incendio
ardiendo en un bosque. A veces decimos cosas que no queríamos decir, o tomamos
decisiones precipitadas, que con un análisis más considerado jamás hubiéramos
tomado.
A menudo no comprendemos cómo hemos podido
dejarnos arrastrar a una discusión así, cuando el día había transcurrido de
manera tan maravillosa y armónica hasta ese momento.
Sin embargo, la explicación es muy sencilla:
simple y llanamente hemos caído en la trampa del campo de resonancia de otra
persona y nos hemos dejado influir. Esto significa que nuestra energía
vibratoria se ha amoldado a la suya. Tanto si era nuestra voluntad como si no,
fuimos influidos por una energía ajena.
Sin embargo, si consideramos bien el asunto, veremos que esa energía no nos es
tan ajena, porque si no hubiera podido tener cabida en nosotros, tampoco nos
habríamos dejado influir por ella. No habríamos resonado con ella. La vibración
pretendidamente extraña no habría hecho vibrar nada en nosotros.
Si nos dejamos contagiar por una persona
pendenciera, el potencial para la disputa arraiga también en nuestro interior.
Nosotros podemos serlo todo, todas las facetas
de las emociones están en nuestro ser. Podemos ser pacíficos, amorosos,
comprensivos, airados, malhumorados, envidiosos, irritables o desconfiados. Si
por ejemplo nos encontramos con alguien lleno de amor y de simpatía, también
nosotros seremos tiernos y amorosos, y experimentaremos esa simpatía. Ambas, la
ira y la simpatía, existen ya en nuestro ser, de lo contrario, en ningún caso
podríamos entrar en esa energía.
Depende siempre de nosotros qué potencial
interior de vibración queremos activar.
Está en nuestras manos. A fin de cuentas, también
nosotros conocemos suficientes posibilidades maravillosas de cómo nos podemos
contagiar de energías vibratorias extrañas. Cuando por ejemplo entramos en una
iglesia, de repente, nos comportamos de manera distinta -y no sólo porque esto
es lo que se espera de nosotros, sino porque inmediatamente nos dejamos invadir
por la vibración de paz del recinto. La captamos al vuelo y nos volvemos más
tranquilos y pacíficos. Ocasionalmente, la tranquilidad interior sigue con
nosotros cuando volvemos a la calle y a la vida diaria.
Lo mismo sucede cuando leemos un libro o
visitamos una Web espiritual o conmovedora, o escuchamos una música edificante.
Inmediatamente captamos las resonancias de otras personas o melodías y nos
alineamos con ellas. El único trabajo que hemos hecho en este caso consiste en
habernos entregado.
Aprovechamos los campos de resonancia
existentes para acercarnos a las energías deseadas.
A menudo, sin embargo, frecuentamos campos de
energía que van completamente en contra de nuestros deseos. Nos rodeamos de
personas que con sus dudas nos debilitan y quieren convencernos de que aquello
que nos proponemos no puede funcionar de ninguna manera. No hay que
sorprenderse, pues, de que empecemos a dudar cuando en un campo de resonancia
nos rodeamos de escépticos. Muy a menudo este desarrollo se consuma de manera
insidiosa e imperceptible. Por ello, es bueno de vez en cuando comprobar si nos
hallamos en los campos de energías correctos y provechosos para nosotros.
Cuando reconocemos que alguien o algo no nos conviene, nadie nos obliga a
permanecer con esa persona o en esa circunstancia y a seguir exponiéndonos a
esa energía destructiva.
Naturalmente, a menudo pensamos que no
encontraremos a nadie más que nos acompañe en nuestro proyecto, y nosotros
podemos decir por suerte que en general tenemos a alguien de nuestra parte.
Esto sólo insinúa a nuestra mente que no se trata de un «milagro». Nuestra
mente nos confirma principalmente sólo en nuestro sentimiento de mediocridad.
Pero si queremos salir de esa situación, entonces conviene rápidamente buscar
un nuevo campo de resonancia que sea positivo, para que podamos crecer y
hacernos mayores.
Un aspecto más:
Nuestra energía se emite desde una especie de
matriz (que se encuentra en lo más profundo de nosotros mismos) que la hace
vibrar y resonar en el Universo según lo que somos como seres humanos... y que
atrae a nuestra vida sólo lo similar.
Entonces, podemos utilizar nuestro entorno,
nuestra situación vital, como una especie de "sistema de lectura". En
lo que viene a nosotros, o en aquello que atraemos, podemos leer de qué manera
estamos programados en lo más íntimo. La conexión con todas las cosas nos ayuda
a comprendernos a nosotros mismos y aprovechar este potencial.
La Página de la Vida