CONOCERNOS ¿qué nos quiere decir el cuerpo con la enfermedad?

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19 octubre 2011

¡El libre albedrío no existe!


No existe ningún acto que usted realice libre de pasado. La libertad estriba en no crear futuro. No existe futuro independiente de un acto que realice ahora. Ser diestro en la acción implica vivir ahora sin generar futuro.
Cuando no entienda algo, déjese guiar por la naturaleza, ella con seguridad es más sabia. Note cómo las estaciones se suceden pese a su voluntad de que el otoño dure más tiempo. Note inclusive cómo, pese a su voluntad de que no ocurra, el cabello de su cabeza crece cada vez más espaciado. Tampoco usted regula a voluntad la temperatura de su cuerpo. El proceso continuo de mitosis que permite la reproducción de todas las células de su cuerpo ocurre pese a usted. Dígame, ¿qué controla de su cuerpo?, ¿tal vez escoge las prendas y el color de cómo lo viste?

No deja usted mucho de dónde escoger

Inclusive las prendas y el color los decide por el gusto que sus hábitos le inducen a escoger. De no ser así le sería igual vestirse con ropa de hombre o de mujer, o simplemente andar desnudo.

Me plantea que, aunque crea que decido, no lo hago.

Usted no decidió nacer, simplemente ocurrió; tampoco decide enfermarse ni morir, simplemente acontece. Cree que tiene voluntad, pero su voluntad realmente es tan sólo el pensamiento de creer que actúa. Así como cree que es dueño de su apartamento, así cree que es dueño de sus actos. Lo que le da propiedad sobre su apartamento es una escritura notarial; sin dicha escritura no puede probar que le pertenece. ¿Cree que sus acciones pertenecen a un “yo” que las realiza a voluntad? Muéstreme las escrituras notariales que certifican la pertenencia de los actos que realiza. Usted no hace nada, nunca lo hace y nunca lo hará. Juega en el sueño de su mente a ser actor y mantiene la constante pesadilla de creerlo. Usted, en esencia, no se diferencia de cualquier loco ingresado en un manicomio; ellos ven como válida su realidad. Usted y muchos más, millones más, ven como válido el mundo dual, y eso es lo que comparte con ellos: pese a creer que el mundo dual es real, no tiene el más mínimo control de ninguno de sus procesos. Se lo planteo de esta manera: usted cree real un mundo que no controla y del cual es su esclavo.

¡Es una sin salida la acción!

Me recuerda el error que cometen quienes se ven presos de sus mentes: se sienten impotentes. ¿Acaso no nota que su impotencia es parte de los mismos hábitos y condicionamientos que pugna por evitar que encarcelen su mente? ¿Acaso cree que sufre o que está preso? Todo lo que usted piense de sí mismo es tan sólo el resultado de su propia ignorancia. Al igual que piensa que tiene libertad, del mismo modo piensa que no la tiene. Su problema está en asumir cómo válidas sus falsas comprensiones. Mientras camina sofocado en busca de agua por el desierto, asume como real un espejismo. Entonces se alegra, pues cree que podrá calmar en breve su sed. Entienda, el espejismo dual le hace creer que usted está encadenado a pensar y opta por pensar en no estarlo; eso es lo absurdo de su pretensión. La salida inteligente no es realizar acciones morales, pues ellas simplemente le llevarán a crear hábitos mentales y condicionamientos dirigidos en una dirección aparentemente virtuosa. Su única opción inteligente es caminar por el sendero del dharma.

Debe reaccionar a la acción que le impone la vida en cada momento, pues es responsable de hacerlo por el simple hecho de estar vivo. Reaccione ante los eventos como lo hace cuando conduce: jamás se queda en un único paisaje pues si no, se estrellaría. De igual forma, permita que las acciones ocurran y déjelas nacer y morir. No se aferre a ningún instante, pero no huya de ningún momento. Los instantes son como las olas, ninguna se parece a otra. Haga de cada instante un momento único, advirtiendo que cada momento está vivo. El flujo de la consciencia atendiendo los eventos es siempre permanente y no depende de usted. Suelte la voluntad de actuar y fluya en una reacción que notará como inteligente al dejarle fluir por sí misma. Una y otra vez sorprendido por la fuerza de cada instante, logrará que el “yo” pierda su predominancia mental. Confíe en la inteligencia que hace que todo ocurra, ella es más sabia que cualquiera de sus propios hábitos de conducta.

"Extracto del libro EL SENDERO DEL DHARMA, escrito por Sesha"

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