CONOCERNOS ¿qué nos quiere decir el cuerpo con la enfermedad?

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07 mayo 2012

HACIA EL SILENCIO



¿Cómo conseguimos ir hacia el silencio?
Hay unos requisitos que son esenciales. Estos requisitos dimanan de la misma naturaleza nuestra, de nuestro modo actual de funcionar.
Mientras yo esté teniendo interiormente problemas de deseos, de emociones, de conflictos, me será muy difícil vivir en el silencio, porque estos deseos, estos miedos, estas complicaciones que están reprimidas en mi interior, buscan constantemente solución y huida. Así, mi mente, está siendo empujada constantemente a pensar a soñar, a imaginar. La gran dificultad que tenemos para poder estar en paz es la propia guerra que está en marcha en nuestro interior.
Por ello, para conseguir el silencio, es necesario primero que solucionemos ese estado de guerra. Y esto sólo lo lograremos cuando aprendamos a vivir la actividad, la acción, la lucha, el esfuerzo. Tan sólo la lucha, el esfuerzo, la vida, en el sentido corriente, vivida de un modo más pleno, más generoso y, sobre todo, mucho más consciente, es lo que va permitiendo que yo vaya liquidando todas estas cuentas pendientes que mantengo con la vida en mi interior. Sólo después de esta expresión total, sólo después de esta lucha total, viene la paz. De otro modo, la paz no la podemos buscar, porque toda paz que buscamos es un artificio, no es la verdadera paz. La paz viene cuando yo lucho, movilizo, entrego, liquido todo lo que en mi mente me reservaba para mi, mis miedos, mis problemas, mis dificultades; la paz llega cuando yo liquido estas situaciones a través de una vida intensa, inteligente. Entonces la paz no hay que buscarla, se presenta sola.
La paz está siempre ahí; lo único que nos impide vivirla es precisamente todas las cargas que tenemos dentro de fuerzas, de problemas, de emociones.
Por lo tanto, el primer requisito para llegar a descubrir el silencio es que el silencio sea consecuencia de una acción total, donde yo no huya de las cosas, donde yo no esté jugando al escondite conmigo mismo, ni con algún aspecto de la vida, donde yo afronte las dificultades y movilice todos mis recursos mentales, afectivos, vitales, morales, de todo orden. Sólo una vida vivida en intensidad es la que luego va acompañada por la auténtica paz.
Es por lo tanto peligroso el silencio que se pretende hacer estando la persona llena de dificultades, de tensiones y contradicciones. En primer lugar, no podrá conseguirlo. Pero, si se impone, a través de un esfuerzo de voluntad, la inmovilización de todo lo que hay dentro, esto será una paralización de la vida, que ella confundirá con el silencio creador.
El silencio creador se hace sin el menor esfuerzo. Allí donde haya esfuerzo es que hay una resistencia que se opone y, por lo tanto, algo que necesita ser expresado. Por ello es falso el camino que algunos pretenden seguir de una inmovilización forzada.
Esto no significa que no podamos tener momentos de silencio teniendo problemas dentro. Se puede y se debe tener momentos de silencio. Pero el silencio vivido en intensidad, en profundidad y continuidad, es imposible vivirlo de un modo auténtico si no hay esa limpieza interior. Y querer forzarlo, sin haber limpiado, es perjudicial.
Otro aspecto por el cual conviene haber hecho esta limpieza es porque, gracias al esfuerzo de vivir de un modo intenso, la personalidad se organiza, se estructura y se fortalece, es decir, que nuestra mente adquiere la capacidad de controlar sus impulsos y coordinar todas las fuerzas internas en relación con el exterior. Y esta capacidad de organización, de estructuración en nuestra mente consciente de todo, lo interno en relación con lo externo, es un paso previo esencial, porque si la persona se abre al silencio sin tener estructurada, de un modo sólido, su personalidad, como el silencio es dejar de intervenir con la mente crítica y la mente que regula y controla, uno podría ser víctima de las fuerzas incontroladas que hay en los niveles inferiores. Y así, lo mismo pueden irrumpir impulsos reprimidos de hostilidad o de sexualidad, o fantasías emotivas, infantiles, que pueden adquirir enormes proporciones, dando lugar a esos complejos tan frecuentes de mesianismo, de personas que se sienten llamadas a una labor revolucionaria y que viven en un mundo de fantasía, como también puede quedar la persona a merced de fuerzas e inteligencias no físicas, de seres no físicos, que encuentran, en esta disponibilidad incontrolada de la persona, un medio apto para poder expresarse a nivel humano. Y estos existen y es uno de los peligros que se corre en este caso. Muchas mediums son precisamente víctimas de este mismo problema. Por esto, el que la persona llegue a desarrollar de un modo claro, sólido y concreto su personalidad –y esto se demuestra en su capacidad de vivir la vida diaria de un modo inteligente, de un modo constructivo– es una necesidad absoluta antes de pretender llegar a un nivel superior de conciencia. Estamos en esta vida por una razón inteligente. Y la vida, tal como funciona, con todas sus deficiencias, con todas las cosas que necesitan ser arregladas, tiene, a pesar de todo, un fin bueno, necesario, que es el que aprendamos a estructurar nuestra conciencia, que aprendamos a distinguir lo que es superior de lo que es inferior, y aprendamos a hacer que en nosotros lo superior maneja a lo inferior. Y, si esto no se hace, solamente se produce conflicto y perturbación en la vida de la persona. Cuando algunos quieren abrirse a zonas superiores de conciencia, y no tienen una personalidad sólida, equilibrada, una mente clara y coherente, esto puede dar lugar a verdaderos trastornos mentales. Y los hay, los hay con bastante frecuencia.
Por lo tanto, este trabajo concreto de estructuración de la personalidad y esta capacidad de haber luchado, de haber movilizado los recursos que hay dentro, son requisitos previos, absolutamente necesarios, para poder tener acceso al nivel superior de silencio.
Ahora bien, para que el silencio sea un camino positivo, es necesario otra condición: que la persona esté orientada de un modo estable, de un modo regular, hacia el descubrimiento de lo más genuino, de lo más real, de lo más importante, sea o no en una forma religiosa. Lo importante es que la persona esté buscando la verdad, la realidad, lo auténtico. Si no existe esa polarización hacia el objetivo, el silencio puede no producir la transformación, el acceso al nivel trascendente de realidad.
Ahora bien, en la práctica del silencio se imponen también dos requisitos esenciales.

1. Que en todo momento se mantenga la autoconciencia.
2. Que haya una gran lucidez.

Estas condiciones son fundamentales para que la persona no caiga en experiencias de zonas intermedias, o para que no sea absorbida, poseída, por fuerzas que no puede controlar. El silencio practicado de esta manera es siempre esencialmente transformante, renovador y creativo, interna y externamente.

Antoni Blay Fontcuberta