¿Cómo
conseguimos ir hacia el silencio?
Hay unos
requisitos que son esenciales. Estos requisitos dimanan de la misma naturaleza
nuestra, de nuestro modo actual de funcionar.
Mientras yo
esté teniendo interiormente problemas de deseos, de emociones, de conflictos,
me será muy difícil vivir en el silencio, porque estos deseos, estos miedos,
estas complicaciones que están reprimidas en mi interior, buscan constantemente
solución y huida. Así, mi mente, está siendo empujada constantemente a pensar a
soñar, a imaginar. La gran dificultad que tenemos para poder estar en paz es la
propia guerra que está en marcha en nuestro interior.
Por ello, para
conseguir el silencio, es necesario primero que solucionemos ese estado de
guerra. Y esto sólo lo lograremos cuando aprendamos a vivir la actividad, la
acción, la lucha, el esfuerzo. Tan sólo la lucha, el esfuerzo, la vida, en el
sentido corriente, vivida de un modo más pleno, más generoso y, sobre todo,
mucho más consciente, es lo que va permitiendo que yo vaya liquidando todas
estas cuentas pendientes que mantengo con la vida en mi interior. Sólo después
de esta expresión total, sólo después de esta lucha total, viene la paz. De
otro modo, la paz no la podemos buscar, porque toda paz que buscamos es un
artificio, no es la verdadera paz. La paz viene cuando yo lucho, movilizo,
entrego, liquido todo lo que en mi mente me reservaba para mi, mis miedos, mis
problemas, mis dificultades; la paz llega cuando yo liquido estas situaciones a
través de una vida intensa, inteligente. Entonces la paz no hay que buscarla,
se presenta sola.
La paz está
siempre ahí; lo único que nos impide vivirla es precisamente todas las cargas
que tenemos dentro de fuerzas, de problemas, de emociones.
Por lo tanto,
el primer requisito para llegar a descubrir el silencio es que el silencio sea
consecuencia de una acción total, donde yo no huya de las cosas, donde yo no
esté jugando al escondite conmigo mismo, ni con algún aspecto de la vida, donde
yo afronte las dificultades y movilice todos mis recursos mentales, afectivos,
vitales, morales, de todo orden. Sólo una vida vivida en intensidad es la que
luego va acompañada por la auténtica paz.
Es por lo tanto
peligroso el silencio que se pretende hacer estando la persona llena de
dificultades, de tensiones y contradicciones. En primer lugar, no podrá
conseguirlo. Pero, si se impone, a través de un esfuerzo de voluntad, la inmovilización
de todo lo que hay dentro, esto será una paralización de la vida, que ella
confundirá con el silencio creador.
El silencio
creador se hace sin el menor esfuerzo. Allí donde haya esfuerzo es que hay una
resistencia que se opone y, por lo tanto, algo que necesita ser expresado. Por
ello es falso el camino que algunos pretenden seguir de una inmovilización
forzada.
Esto no
significa que no podamos tener momentos de silencio teniendo problemas dentro.
Se puede y se debe tener momentos de silencio. Pero el silencio vivido en
intensidad, en profundidad y continuidad, es imposible vivirlo de un modo
auténtico si no hay esa limpieza interior. Y querer forzarlo, sin haber
limpiado, es perjudicial.
Otro aspecto
por el cual conviene haber hecho esta limpieza es porque, gracias al esfuerzo
de vivir de un modo intenso, la personalidad se organiza, se estructura y se
fortalece, es decir, que nuestra mente adquiere la capacidad de controlar sus
impulsos y coordinar todas las fuerzas internas en relación con el exterior. Y
esta capacidad de organización, de estructuración en nuestra mente consciente
de todo, lo interno en relación con lo externo, es un paso previo esencial,
porque si la persona se abre al silencio sin tener estructurada, de un modo
sólido, su personalidad, como el silencio es dejar de intervenir con la mente
crítica y la mente que regula y controla, uno podría ser víctima de las fuerzas
incontroladas que hay en los niveles inferiores. Y así, lo mismo pueden
irrumpir impulsos reprimidos de hostilidad o de sexualidad, o fantasías
emotivas, infantiles, que pueden adquirir enormes proporciones, dando lugar a
esos complejos tan frecuentes de mesianismo, de personas que se sienten
llamadas a una labor revolucionaria y que viven en un mundo de fantasía, como
también puede quedar la persona a merced de fuerzas e inteligencias no físicas,
de seres no físicos, que encuentran, en esta disponibilidad incontrolada de la
persona, un medio apto para poder expresarse a nivel humano. Y estos existen y
es uno de los peligros que se corre en este caso. Muchas mediums son
precisamente víctimas de este mismo problema. Por esto, el que la persona
llegue a desarrollar de un modo claro, sólido y concreto su personalidad –y
esto se demuestra en su capacidad de vivir la vida diaria de un modo
inteligente, de un modo constructivo– es una necesidad absoluta antes de
pretender llegar a un nivel superior de conciencia. Estamos en esta vida por
una razón inteligente. Y la vida, tal como funciona, con todas sus
deficiencias, con todas las cosas que necesitan ser arregladas, tiene, a pesar
de todo, un fin bueno, necesario, que es el que aprendamos a estructurar
nuestra conciencia, que aprendamos a distinguir lo que es superior de lo que es
inferior, y aprendamos a hacer que en nosotros lo superior maneja a lo
inferior. Y, si esto no se hace, solamente se produce conflicto y perturbación
en la vida de la persona. Cuando algunos quieren abrirse a zonas superiores de
conciencia, y no tienen una personalidad sólida, equilibrada, una mente clara y
coherente, esto puede dar lugar a verdaderos trastornos mentales. Y los hay,
los hay con bastante frecuencia.
Por lo tanto,
este trabajo concreto de estructuración de la personalidad y esta capacidad de
haber luchado, de haber movilizado los recursos que hay dentro, son requisitos
previos, absolutamente necesarios, para poder tener acceso al nivel superior de
silencio.
Ahora bien,
para que el silencio sea un camino positivo, es necesario otra condición: que
la persona esté orientada de un modo estable, de un modo regular, hacia el
descubrimiento de lo más genuino, de lo más real, de lo más importante, sea o
no en una forma religiosa. Lo importante es que la persona esté buscando la
verdad, la realidad, lo auténtico. Si no existe esa polarización hacia el
objetivo, el silencio puede no producir la transformación, el acceso al nivel
trascendente de realidad.
Ahora bien, en
la práctica del silencio se imponen también dos requisitos esenciales.
1. Que en todo
momento se mantenga la autoconciencia.
2. Que haya una
gran lucidez.
Estas
condiciones son fundamentales para que la persona no caiga en experiencias de
zonas intermedias, o para que no sea absorbida, poseída, por fuerzas que no
puede controlar. El silencio practicado de esta manera es siempre esencialmente
transformante, renovador y creativo, interna y externamente.
Antoni Blay Fontcuberta




















